
El vocalista de Depeche Mode editó ‘Hourglass’, su segundo y bien logrado trabajo solista. Con el nuevo disco, el frontman se calza la armadura y sale a batallar contra sus propios demonios
Por Valeria Agis
La cavernosa voz de Dave Gahan traspasa rápidamente el árido silencio de la espera. ‘Hi’, dice para romperlo, extendiendo sensualmente el monosilábico saludo, haciéndolo vibrar en el aire como si se tratara de una melodía, una de las tantas que viene cantando hace casi tres décadas, cuando el destino lo puso al frente de la banda que hizo historia en la escena electrorock-pop del mundo.
Desde ese adolescente esmirriado y frenético, de cabellera post punk teñida de un hiriente amarillo, hasta este hombre de 45 años que vive más plácidamente en Nueva York con su mujer y sus hijos, hubo un camino oscuro y sinuoso. Hubo una boda que terminó mal, una historia de un piercing en una de las zonas más erógenas e innombrables del cuerpo; hubo una hoja de afeitar en sus venas, hubo dos minutos de muerte una noche de 1996 en Los Angeles, camino al hospital, ‘cortesía’ de una sobredosis de speedball.
Afortunadamente, también hubo un empezar de nuevo, que abrió los ojos de Gahan para hacerlo testigo de las mejores conquistas de su carrera: sus más celebrados discos con Depeche Mode, sus increíbles performances en vivo, las multitudes rugientes, rindiéndose frente a su magnética pose escénica.
En 2003, el frontman editó Paper Monsters, su debut como solista y como compositor, un trabajo al que muchos de sus seguidores –e incluso la propia industria- miraron con recelo, ante la posibilidad de que la ‘novedad discográfica’ trajera aparejado el fin de la maquinaria DM. Pero Gahan estaba simplemente siguiendo lo que le indicaban sus convicciones: era el momento de escribir sus propias canciones, una tarea que, en Depeche Mode, estaba hasta entonces exclusivamente ligada al sofisticado cerebro creativo de su compañero Martin Gore.
En los próximos días se edita Hourglass, su segundo y mucho más acabado disco en formato solitario, decididamente más electrónico que su predecesor. En él, el pasional vocalista reflexiona descarnadamente sobre el paso del tiempo, expone sus contradictorios pareceres sobre la espiritualidad, destila sexo y animalidad y, finalmente, transluce sus variados e intermitentes conflictos internos en una decena de tracks concebidos de su sincero puño y letra.
- Esta es la segunda vez que te sitúas en el lugar del compositor, para todos los temas del disco. ¿Qué diferencias sentiste, con respecto de la creación de Paper Monsters?
Fue muy diferente. Paper Monsters fue hecho en la forma más tradicional en la que normalmente se trabaja un disco. Primero hicimos los demos, los grabamos, los presentamos a la compañía, se aprobaron, buscamos un productor y finalmente entramos al estudio para grabarlo definitivamente.
Con Hourglass estábamos ya en el estudio [con sus colaboradores Christian Eigner –batería- y Andrew Phillpott –guitarras-], aquí en New York, y en realidad cuando comenzamos a registrar lo que serían los demos, nos dimos cuenta de que estábamos ya en el punto de poder grabar el disco, sin más vueltas.
- Para muchos artistas, componer es un proceso casi doloroso. Pensando en la profundidad con la que estás abordando ciertos temas en tus canciones, ¿Cómo es ese momento para ti?
Mmmm.... Extrañamente, me resulta terapéutico. Ocurre que muchas veces ni siquiera sé qué sentimientos tengo, pero definitivamente están adentro mío. Quizás, la posibilidad de ponerlos en una melodía, de expresarlos a través de mi voz, me resulta un alivio. De hecho, algo que me he propuesto es no ‘editar’ sentimientos en mis canciones. Si estoy particularmente melancólico, o súper optimista, eso es lo que pongo en la letra, consciente de que es lo que siento en ese preciso momento, y que está bien.
. A juzgar por Hourless, el ‘tiempo’ parece ser una idea muy importante en este momento de tu vida. Estás viviendo tus cuarenta años, has tenido una juventud muy intensa, que transcurrió a alta velocidad. ¿Cuándo empezaste a sentir el paso del tiempo, el reloj avanzando?
Sí, es cierto que viví muy aceleradamente varias etapas de mi vida, y últimamente tengo esta necesidad de pensar en el tiempo, que pasa. No sé si es la edad, o la madurez, pero hay ciertas cosas que ya no funcionan más. Antes podía emborracharme todas las noches, y esconder mis miedos y mis inseguridades detrás del alcohol. Ahora siento que no me alcanza el tiempo para ser mejor, para hacer todas las cosas que quiero, para seguir creciendo en la vida.
Creo que me ha llevado un largo camino sentirme cómodo conmigo, con quién soy.
- Eso también se refleja ahora en tus letras...
Es interesante, porque cuando era más joven me sentía muy identificado con las canciones que escribía Martin (Gore), para Depeche Mode. De algún modo, él las escribía, pero yo sentía que hablaban de mí.
Lógicamente, la vida se desarrolla, el tiempo pasa y uno cambia. Ahí es cuando, quizás, ya no te sientes tan identificado con lo que decías hace 20 años. Lo importante de esto es que, justamente, yo aprendí de Martin que hay que escribir con honestidad, que hay que escribir con verdad acerca de lo que uno siente.
Quizás recién ahora tengo la madurez, o la fuerza, para articular eso en mi carrera. Poder escribir, al fin, de lo que yo siento. Y aceptarlo.
- Hace unos días mencionaste que ya no sentías que la banda (en referencia a DM) ‘formara parte de tu identidad’; que ahora tienes tu propia voz y quieres respetarla.
Esto recuerda a muchas circunstancias de la vida común, que nos hacen sentir así. Por ejemplo, cuando uno se muda de la casa de sus padres, y luego siente que ya no podría volver allí porque logró su independencia. Cuando eso pasa, cualquier ser humano tiene bastante independencia y libertad de acción para tomar sus decisiones. Pero en tu caso, hay millones de ojos observando, juzgando, incluso pensando ‘Oh, vamos, Depeche Mode es una gran banda, queremos que siga’. ¿Cómo manejas esto y cómo te influye al momento de darle más impulso a tu carrera solista?
Es una buena pregunta... (Hace silencio; piensa un instante). Ocurre que durante los últimos años me han sucedido ciertas cosas que no fueron una ‘opción’ para mí, sino que simplemente pasaron, y yo tuve que aceptarlas. Algunas personas pueden comprenderlo; otras no.
Por suerte, Martin y Fletch (Andy Fletcher, también de DM) han sido en este último tiempo mucho más comprensivos, y me apoyan. Saben que, después de editar un disco solista, puedo volver a trabajar con Depeche Mode, y manejar y disfrutar ambas cosas.
Es muy cierta la analogía con ‘dejar la casa de tus padres’. Puedes volver allí cuantas veces quieras, de visita, pero ya no vives allí. Y es también como un divorcio, porque una vez que sales de esa situación pones toda tu energía en tu ser, y hay cosas que ya no encajan como antes en tu entorno.
Pensando en la música, cuando empecé a hacer Paper Monsters, escribir implicaba para mí una ‘tarea’, a la que tenía que dedicarme mucho. Lógicamente; hasta entonces yo sólo cantaba las canciones que otro escribía. Ahora, componer es más natural, simplemente va sucediendo. Entonces sé que me estoy moviendo cada vez más por ese camino, lentamente, pero seguro.
- Lo religioso, la ‘intervención divina’, es también uno de los temas con los que más juegas en este álbum. Curiosamente, siempre has reconocido que hay mucha contradicción en el plano espiritual de tu vida, que para ti la religión es un concepto arcaico aunque de todas maneras rezas, o que crees en el amor pero no en la gente. Escribiste para este disco una canción llamada Miracles, en la que hablas de la fe...
Sin dudas, lo religioso no es fácil para mí. Pero, al menos, soy consciente de que todos los días pasan cosas que ‘acomodan’ nuestra vida; como pequeños milagros, podríamos decir. Lo veo con mis hijos, y lo que ellos implican para mí, como padre. Esos son los desafíos para los que necesito tener ‘fe’ y fuerza para levantarme, básicamente. Hacer música es otro de mis motivos, es lo que me ayuda.
Y sí, es cierto que tengo recelo de la gente y soy desconfiado. Pero confío ciegamente es en la vida, en los cambios que ofrece. Esa es justamente la parte más difícil, la de permitirse verlos, tomarlos, aceptarlos. Saber cambiar con la vida.
Yo no puedo rezar todos los días, como nos enseñaron cuando éramos chicos; simplemente no funciona conmigo. Y creo que no está funcionando para un montón de gente. Si quieres que algo cambie en tu vida, tienes que actuar, accionar en concreto para eso. Suena raro, pero yo creo en que hay un ‘intervención divina’, una protección o como quiera llamársele, pero uno tiene que mover la primera ficha si quiere que algo de esto llegue.
. Antes hablabas de lo importante que es componer, ese momento íntimo en el que tus sentimientos se transforman en letra y música. Pero actuar en vivo siempre ha sido una parte substancial de tu imagen como artista, porque sobre el escenario pareciera que te entregas completamente al público, que estableces con ellos una comunicación increíblemente fuerte, sensual. ¿Cómo se siente ahora unir esos dos momentos, escribir lo que sientes y después cantarlo en vivo?
Todavía me resulta extraño. En algún punto, creo que yo siempre me escondí detrás de las canciones de otro, y eso me resultaba excitante. Hasta que pude ver mejor mi vida, empecé a cuestionarme todo, qué debería estar haciendo, cuánto tiempo me queda para resolver mis cosas, qué debo aprender para ser mejor, todo eso.
Como cantante, como la cara más visible de una banda sobre el escenario, aprendí a usar mi cuerpo y mi voz para realzar determinados sentimientos que las canciones siempre traen implícitos. También sobre el escenario aprendí a expulsar mi propia frustración sobre la vida.
Ahora puedo escribir acerca de mí, y a la vez cantarlo en vivo. Se siente como estar desnudo enfrente de la gente, lo cual por momentos puede ser apabullante. Pero también se siente más auténtico, y la autenticidad es para mí es una opción de vida. Yo elegí ser más abierto con lo que me pasa y con lo que siento, exteriorizarlo y aceptarlo. Cuando uno canta enfrente de una gran audiencia durante dos horas, el efecto es tremendo. Te sientes vivo. Finalmente, creo que es lo único que todos realmente queremos. Sentir que nuestra existencia está valiendo la pena.
(Publicado en La Vibra, La Opinión, 2007).-
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