7 jun 2010

8 ene 2010

Happy birthday King!


"Hey now, if your baby leaves you, and you got a tale to tell, just take a walk down lonely street to the Heartbreak Hotel".

6 ene 2010

Rosas rojas

“Con papá nos enamoramos con Así y Penumbras”, dijo mi madre apenas levantar el teléfono. “Imaginate si lo siento”.

En la TV, la seguidilla de títulos en letra roja y semi-catástrofe decía lo indecible. El tipo de los cabellos renegridos y la boca irremediablemente seductora, el muchacho del cuerpo prodigioso y las caderas serpenteantes como un látigo sobre el escenario, el último de los feroces amantes latinos de la imaginería popular, se había ido.


Roberto Sánchez vivía en Banfield y, de chicos, con mi hermano escuchábamos a menudo la frase ‘'Esa es la casa de Sandro”, cuando pasábamos por allí con el auto durante algún paseo familiar de domingo. La hambrienta curiosidad de aquellos años, de aquellos dos niños, era sistemáticamente desairada cada vez por ese colosal paredón revestido en piedritas claras; por esa puerta diminuta detrás de la cual, suponíamos, estaba ese tipo al cual veíamos en la tele, que cantaba la frenética ‘Rosa Rosa’ –que es también el nombre de nuestra abuela-, y al que las mujeres le tiraban bombachas.

Sandro de América era también Sandro de Zona Sur. Siempre supimos que había nacido en Valentín Alsina -cerca de donde nuestro abuelo había vivivo su infancia-, que su cara estaba pintada en la estación de trenes de Banfield junto con la de Roberto Arlt, que era vecino del ‘Tío Raúl’.
Una madrugada a comienzos de los ‘80, mientras volvíamos los cuatro en el auto a nuestra casa de Llavallol, después de esas adorables y mágicas recorridas porteñas de sábado por la noche que mis padres –tan jóvenes en ese entonces- compartían con nosotros, en la esquina de Marcelo T. de Alvear y 9 de Julio (imposible olvidarlo) un soberbio auto negro avanzó media cuadra en contramano y, a toda velocidad, logró ubicarse al lado nuestro sobre la gran avenida, a la espera de la luz verde en el semáforo.
Sorprendida por la maniobra, mi madre giró atónita su mirada hacia el vehículo, para descubrir que en él iba, escapándole a sus fans tras una función en el Teatro Coliseo, Sandro. “Chicos, miren; miren quién va ahí”, nos dijo. Desde el auto vecino, la oscura ventanilla comenzó a descender. Amablemente, una mano amplia y gentil apareció tras el vidrio negruzco, y se agitó para saludarnos. Era ÉL; era el señor aquel que vivía en la casa de Banfield, el famoso destinatario de la ropa interior femenina, el que hablaba de costado y nos parecía un genio cuando cantaba la canción con el nombre de la abuela. Yo contemplaba la escena, extasiada. Mi hermano dormía desde hacía rato al lado mío, en el asiento de atrás.

Muchos años después, con Walter y Leo esperábamos ansiosos la repetición de sus películas, esos domingos por la tarde en los que la adolescencia sólo nos permitía juntarnos para charlar entre amigos y mirar la tele. Nuestra preferida siempre fue ‘MUCHACHO’, la historia de un chico sencillo y su abuela (la ‘Capitana’, Olinda Bozán), filmada enteramente en las islas de Tigre.

En 2007, con Charly, Marcela y Aníbal, nos inventamos –porque sí- una fiesta, para su cumpleaños. La consigna era ir vestido ‘como el Gitano’ y tener a mano en la memoria los mejores momentos –según el criterio de cada invitado- de su carrera, pero la noche fue un diluvio y finalmente el emprendimiento resultó un verdadero fracaso. Para vengarnos, con Charly nos fuimos al día siguiente hasta su casa. Era agosto y la calle Berutti lucía los pasacalles de sus fans, con ese amor de delirio y todos los buenos deseos de siempre. Esa tarde soleada bajamos del auto, caminamos por su barrio y merendamos con sandwichitos de miga de la cercana confitería Las Vegas; ‘la confitería del ídolo’, bromeamos. Ayer, frente al televisor, me enteré que, en efecto, Las Vegas era su confitería preferida.

Sólo lo odié cuando en los ’90 le arrebató a Soda Stereo el récord de funciones continuas en el teatro Gran Rex (Soda: 14, Sandro: 18). Pero en realidad, casi sin conocerlo, lo quise.
Lo quise porque fue como Elvis. Lo quise por su alma de rock. Lo quise por esa fuerza y ese arrebato animal que contagiaba. Lo quise porque fue un leonino empedernido. Lo quise porque le gustaba a todas; a la señora bien, y a su mucama. Lo quise por su humor, porque fue tan cool como pocos. Lo quise por su bata roja y su vaso de whisky. Lo quise por ese vibrato ratonero de su voz.

Lo quise, porque siempre lo tuve cerca. Lo quise porque era del Sur.


Foto: Telam [gracias Marce].

12 sept 2009

El rock, en primera persona (y siete años después)

Una noche de verano angelino en 2002, sonó el teléfono en mi casa de Cherokee Avenue en Hollywood y del otro lado de la línea estaba Ernesto Lechner, con una propuesta que no pude resistir.

Siempre hábil, Lechner me convenció de escribir un texto que hablara del rock argentino, para ser incluido en el anuario de la edición 2002 de los premios Grammy, que él supervisaba y que ese año tenía un inusual número de compatriotas nominados.

El pedido -y su obvia relevancia- se convirtieron en una pesadilla que me torturó inevitablemente durante dos semanas, hasta que la madrugada anterior a la fecha de entrega, este texto que figura a continuación brotó inexplicablemente de mis manos frente al teclado, rápido, seguro, inequívoco y en primera persona.

Siete años después, desafortunadamente, no sé cómo continuaría este texto, si debiera adaptarlo a 2009. Por lo pronto, vale la pena volver a 2002 y leerlo:


Yo soy el rock

por Valeria Agis


Como si no hubiese sido suficiente con la pasión heredada del fútbol, del tango, de ese fervor de calles húmedas y ese pasado de destierro, los dioses –o los demonios- le dieron a la Argentina uno de sus amores más tormentosos y embriagantes en su historia de las últimas décadas: yo, el rock.

Como sucede con esa clase de romances tórridos y novelescos, de los que cualquier alma se siente incapaz de librarse, nadie sabe con demasiada precisión quién fue el primero en caer rendido a mis pies; cómo empezó todo, cuándo, por qué... Demasiadas preguntas para tanto sentimiento, no hay que olvidar que la pasión y la música no tenemos respuestas.
Lo cierto es que así, en un escondido bar del barrio porteño de Once llamado -no en vano- La Cueva, en la oscuridad de la ya difunta Sala Apolo, o a la intemperie de la céntrica Plaza Francia, mi idilio con las pampas comenzó a mediados de los ‘60, en un país irremediablemente ardiente como para obviarme, negarme, dejarme pasar desapercibido.

Los primeros, aquellos que cedieron y se entregaron inmediatamente al hechizo, fueron quienes hoy se erigen en el altar de todo rockero que se precie como auténticas divinidades del paraíso sonoro, próceres en la conquista de mi espíritu, un territorio hasta entonces inexplorado en tierras sureñas.
Yo le di a Moris esa voz áspera e inconfundible, inspiré el clásico Jugo de tomate frío del trío Manal, convertí en mito a Tanguito (un pobre tipo al que una temprana muerte –más que sus canciones- lo erigieron a la categoría de semidiós) y reuní a Los Gatos para que acuñaran en mi nombre el primer hit de la historia del rock argentino; ‘Construiré una balsa y me iré a naufragar’: La balsa.

No todo fue fácil. Los tiempos vinieron duros en los ‘70, y ese juego de la música, la rebeldía del hippismo, la vida de bar en bar y tantos otros ideales rosados sobre los que muchos habían construido mis bases, se transformó en ‘insubordinación’ ante los ojos negros de la dictadura. Por eso las melodías fueron catarsis en aquellos años, y me plagaron de protesta, de reproches, de censura.
Me volví un rock de alegría reprobada, de corridas, de desaparecidos, de pelo corto y ‘prolijidad’ malentendida y a la fuerza. Entonces, harto del terror de mis detractores, le regalé a los no tan rockeros Pedro y Pablo aquello de “Bronca cuando se hacen moralistas, y entran a correr a los artistas. Bronca sin fusiles y sin bombas, bronca con los dos dedos en V”, y a mi querido Charly García -todavía adolescente como pocos- el 'Botas locas' que ningún militar supo percibir como alusión al régimen porque, después de todo, hay que ser algo perspicaz para entender mi idioma.

Afortunadamente, en esa época tan cargada de odios parí también a uno de mis hijos más amados, una de las perlas más exquisitas y mejor cultivadas de mi mar de amores, y quien inscribió en mi memoria a esa Muchacha ojos de papel que hasta hoy todos cantan pero pocos conocen tan íntimamente como yo: Luis Alberto Spinetta, El Flaco, el poeta, el sabio.

Después sobrevino la guerra, y las islas Malvinas pasaron a llamarse Falkland, y los militares cayeron; pero yo gané, a mi manera, mi propia batalla. Entonces volvió la democracia, y en el horizonte amaneció una nueva década con soplos de cambios. Bienaventurados aquellos que fueron adolescentes en los ‘80, porque ellos vivieron mi fiesta, sintieron como pocos mi baile, liberaron sus cabelleras con “esos raros peinados nuevos” y fueron testigos de mi mejor momento, “los grandes hitos del rock argentino”.

En esos años conocí a un tal Miguel Mateos, que cantaba “quiero votar un presidente, quiero un país muy, muy diferente”. Le susurré al oído a los hermanos Moura el profético nombre “Virus” para una banda que perdería años después a su líder a causa del sida, y le di amor a Miguel Abuelo un Lunes por la madrugada que después se transformó en un himno.

En los ‘80 me disfracé de diva y me calcé los tacos altos con Fabiana Cantilo y Celeste Carballo, consolé con ginebra al siempre melancólico y foráneo Luca Prodan de Sumo, saqué a Fito Páez de su Rosario natal y lo llevé a pasear por la gran ciudad, y logré, definitivamente, mis dos mejores creaciones hasta hoy, las dos bandas argentinas más grandes de todos los tiempos, rivales eternos y, a la vez, partes indivisibles ambas del mismo espíritu: Soda Stereo y Los Redonditos de Ricota.

A Soda le debo mis mejores días, mis noches más fervientes dentro y fuera de estas fronteras. Con ellos crecí y conquisté almas en Latinoamérica, me desperté de un letargo de emociones simplistas y redimí largamente mis culpas, aquello de que el rock está ligado únicamente a los bajos instintos. A la paradisíaca voz de Gustavo Cerati le adeudo parte del poder que todavía hoy ejerzo en millones de treintañeros, y a su vez él me debe a mí ese glamour elegante y siempre visionario que sólo tienen los que elijo como mis más cercanos discípulos.

Con Los Redondos llené bares y después reventé estadios. Moví a las masas en caravanas febriles de un lado al otro, tuve sangre, sudor y lágrimas, y me destilé en poesía urbana hasta la última gota, para que la bebieran las generaciones de músicos que vinieron después.

Y cuando las luces de los eufóricos ‘80 se apagaron, un poco antes de que Soda y Serú Girán y Sumo y Los Redondos fueran un recuerdo, me dejé llevar por la furia de Divididos, por el reggae casual e irreverente de Los Pericos, por la musicalidad y la improvisación ska-jazzera de Los Fabulosos Cadillacs y por el funk hiphopero de Illia Kuryaki and the Valderramas. Me sentí Mick Jagger en los labios de Juanse y sus Ratones Paranoicos y me fui de viaje en el siempre eterno viaje de Charly García.

En los últimos tiempos, creo que malogré un poco de aquella gloria de antaño. Se me agotaron algunas palabras, perdí fragmentos de poesía por el camino, sucumbí en parte a la crisis que me rodea. Pero no me caigo y me aferro desesperadamente a aquellos, como Babasónicos, como Los Piojos y Catupecu Machu; como Fito, como el Indio, como Calamaro, Cerati o Spinetta, que todavía, cada uno a su forma, tienen cosas por decir y juntan miles de cuerpos en mi honor, en mi nombre.

Miro atrás y hoy soy para muchos esas madrugadas sobre la desértica y bonaerense Avenida del Libertador, esperando ese bondi, que los deje lo más cerca posible de casa. Soy esas mañanas de desayunos desvelados después de algún concierto, esas tardes de verano encerrado con amigos escuchando en una habitación el último disco del grupo de turno hasta que las paredes y los vecinos digan basta, y soy todas y cada una de esas noches largas, extremadamente largas como para tener más recuerdos de ellas.

Estoy menos brillante, sí, pero guardo en mí el sabor de la madurez y la descarnada esencia de la juventud. Entonces no soy vanidoso si me doy fuerzas y -parafraseando al himno de este país, que cayó en las garras de mi pasión para alimentarme- me digo a mí mismo: “Al gran rock argentino, salud”.


16 de julio de 2002.-

11 sept 2009

Thanks for the message


‘In the white room with black curtains near the station’. Eric Clapton canta como pocos este impresionante clásico de 1968, White Room, que habla de alguien ‘que espera’ –no en la mayor de las sobriedades- cerca de una estación ‘donde las sombras huyen de sí mismas’.

Lo escuché cantar mil veces cuando era chica (sin entender nada de su letra pero cautivada por el poder de ese sonido), cuando mi tío ponía Cream en vinilo, en su bandeja Technics deluxe que giraba deliciosa e imperceptiblemente ante mi maravilla, ayudándome a hilar desde entonces esta irrevocable pasión por la música.

Treinta años después, es lunes por la noche de una semana particularmente difícil y desesperanzada. Y ahí, en mi cuarto blanco y con mi sombra huyendo de sí misma, aparece todo de vuelta. Clapton, Bruce y Baker brotan en la pantalla de la TV, parados sobre el escenario del Royal Albert Hall de Londres en 2005, reunidos, rockeando a sus sesenta y pico, como ninguno de veinte o treinta lo hace hoy en día.

Una real metáfora de la pasión encendida, impecable, aún adorablemente viva, pese a todo.

10 sept 2008

Madonna en Buenos Aires para Billboard.biz!

Billboard.biz (el servicio de noticias para profesionales de la industria de la música) publica mi nota sobre la rauda venta de entradas para ver a la ex-Chica Material y actual Reina del Pop en su 'Sweet and Sticky and VERY EXPENSIVE' tour!





Madonna's Buenos Aires Stop Sells Out In Three Hours

September 09, 2008 - Global

By Valeria Agis, Buenos Aires

Three hours and one day of presale was all it took for Madonna's Dec. 6 stop in Buenos Aires, at the River Plate Stadium, to sell-out 70,000 tickets. The show is part of her "Sticky & Sweet Tour."
The one-day presale, offered to customers of Citibank, moved 24,000 tickets.The sell-out prompted show promoters Live Nation and Time For Fun Argentina to add a second date for Dec. 7. Tickets for that show were nearly sold out at press time.
Tickets to the first Madonna show went on sale at 9 a.m. Sept. 8 and sold out by noon. Fans were unfazed by ticket prices, which went from 110 to 700 Argentine pesos (approximately $33 to $230). Minutes after all seats were gone, some tickets were on sale again, on Web site Mercado Libre, where they were being hawked for more than twice their original amount, with VIP seats going for as much as $1500.
This will be only the second time Madonna performs in Argentina. The first was back in 1993, as part of her "Girlie Show Tour."

Link: http://www.billboard.biz/bbbiz/content_display/genre/e3i1a2958e3993c0f4d16171484d29ad40f

20 ago 2008

Epifanía querible!

Alegría!! La Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires designó a Epifanía Libros -librería del querido y emprendedor Martín Vera- como uno de los 500 lugares “Queribles” de Buenos Aires.
Es una de las únicas 6 librerías distinguidas con este honor, muy merecido.
** Para leer más acerca de los “500 lugares queribles” de Buenos Aires:
www.buenosairesquerible.gov.ar
Felicidades!

Epifanía Libros: Lavalle 1910 (casi esquina Riobamba). Capital Federal
www.epifanialibros.com.ar

19 ago 2008

Buenos Aires x Valeria Agis en Ambito Financiero

El diario argentino Ambito Financiero destacó el pasado fin de semana la nota sobre Buenos Aires que hice para la revista Nexos, de American Airlines. Esto dice Ambito:



Revista invita a ver la bella Buenos Aires


Buenos Aires es una ciudad multifacética que ofrece un sin fin de opciones», señaló Peter J. Dolara, senior vicepresidente de American Airlines a Ambito del Placer, explicando por qué la edición agosto-setiembre de «Nexos», la revista de la línea aérea estadounidense, ha sido dedicada en su portada y en su nota central a la capital de la Argentina. Dolara sostiene que «indudablemente, muchos de los miles de pasajeros que a diario viajan por American Airlines» -a partir de este informe de la revista- «considerarán visitar la Argentina muy pronto para vivir las experiencia de sus encantos».Este pronóstico se vuelve evidente cuando se sabe que cada número de «Nexos», que lleva como slogan «su conexión con el mundo», que el próximo año cumple diez años, tiene una circulación de 240 mil ejemplares y más de 3 millones de lectores, a los que cabe sumar los que a partir de esta edición podrán leer las notas de la revista por Internet en el sitio www.digital. nexosmag.com.

Una ciudad a medida

«Nexos» proclama desde su tapa que Buenos Aires es «Europa en América» y la emblemática foto de una pareja de bailarines de tango le permite agregar en portugués, que esta ciudad es una «explosión de ritmo, cultura y pasiones».
El «atractivo carácter multifacético» de la Capital Federal de la Argentina, señalado por Peter Dolara, está presente de forma poética, pictóricamente impresionista, como las instantáneas de un seductor álbum de fotos, desde las primeras líneas del artículo central de la revista, escrito por Valeria Agis.
Allí se dice que «hay tantas Buenos Aires como el más creativo de los soñadores pudiera imaginar. La ciudad tanguera de labios pintados y pies elegantemente enfundados en zapatos de tacón. La urbe que pareciera vivir a contrarreloj y moverse mejor de noche que de día; la de los intelectuales, la de los futboleros, la apasionante parisina, la de los florecidos patios de antaño y la cosmopolita que abraza la modernidad de las nuevas construcciones de vidrio y acero. Por eso, para conocerla, como a los buenos amores, hace falta tiempo y dedicación.
La nota comienza explicando al visitante por qué al llegar a la ciudad encontrará que a los que allí habitan se los denomina porteños. Explica que unos 200 años después de su fundación, «a fines del siglo XVIII la ciudad comenzó a despertar económica y socialmente gracias a una zona que es, hasta hoy, vital: el puerto. De ahí que a los bonaerenses que allí viven se los conoce como 'porteños', en alusión a la zona portuaria, el área donde Buenos Aires se abrió al mundo».
La autora señala que para encontrarse con la nostalgia del pasado, la magia del espíritu de antaño hay que ponerse calzado cómodo para ser «fiel al espíritu caminante de esta ciudad, en la que todo se ve mejor a pie», y «trazar un recorrido sencillo, prácticamente una 'ele', que incluya, La Boca, San Telmo, Montserrat y el Abasto».
Sostiene que es imperdible la visita a «La República de La Boca» porque, más allá de su escenografía de la calle Caminito -«inmortalizada por un famoso tango»- y los conventillos multicolores, «La Boca es el rincón donde se encuentran fútbol y pasión», y tiene en la Bombonera un «punto de visita obligado» no sólo «para los amantes de ese deporte» sino «para quienes quieran entender más sobre esa pasión de los argentinos». Pero para que el potencial turista no tenga la imagen de un lugar desvalido, quedado en el tiempo, sólo muy pintoresco, recuerda que allí vivió y con un botecito inició su fortuna Aristóteles Onassis.La propuesta luego es ir caminando hasta el barrio de San Telmo, recorrer la plaza Dorrego, y seguir hacia Plaza de Mayo, viendo negocios de anticuarios y modernas galerías de arte, mientras se avanza por la historia de la ciudad, para dar con «el circuito Art Nouveau» que decora la Avenida de Mayo, y avanzar hacia los cafés de extensa tradición, Tortoni y Las Violetas.
Tras andar por Almagro, «Nexos» sostiene que hay que pasar a visitar el barrio de Gardel, que no por nada fue «el Morocho del Abasto», para saludar la estatua del «Zorzal Criollo».


Elitistas y apasionados
Hay tres barrios, «Recoleta, Barrio Norte y Palermo, que son los preferidos de Buenos Aires, asociados menos con el tango y más con un estilo de vida elitista y apasionado», con «coquetas avenidas donde se concentran las tiendas más exclusivas y las marcas de lujo» y los restoranes «para paladares exquisitos».

Tras las andanzas por los bosques de Palermo, por la avenida Santa Fe, «donde se amontonan librerías, tiendas de discos, prendas y todo lo que se le ocurra al más ávido de los compradores», se debe andar por la calle Corrientes, «gran clásico de la noche porteña». Esa calle concluye en el que se ha convertido en uno de los distritos más exclusivos, modernos y privilegiados, el de Puerto Madero. «Un sitio ideal para sentarse a orillas del río para que el sonido del agua reconforte el cuerpo y la mente.»

Aquí nunca se duerme
En Buenos Aires, según el informe de «Nexos», la revista para viajeros de American Airlines, es casi imposible no volverse noctámbulo dado que «la noche ha sido el punto fuerte de la ciudad y la oferta de entretenimientos es demasiado extensa como para irse a dormir temprano. Si el foco es el tango, vale la pena unir cena y espectáculo en alguno de los mejores reductos que tradicionalmente convocan a entusiastas del género», y destaca a Boca Tango, en La Boca, y a Esquina Carlos Gardel, en el Abasto.Admite que el viajero puede buscar alejarse de los espectáculos para turistas, yendo a disfrutar de la música popular o de los placeres gastronómicos por los más diversos barrios, porque «en Buenos Aires vale la pena dejarse guiar por los aromas de las calles, empaparse los ojos con el verde de sus parques, o quedar ensimismado con el grandioso espectáculo de cada día como en una función de teatro: la agitación de su gente, su cultura, su moda, sus costumbres, sus pasiones, su elegancia».

15 may 2008

'Mucho' Babasónicos

Babasónicos tiene nuevo disco en la calle. La banda lo analiza en esta entrevista, publicada en Billboard en español:


- Valeria Agis, Buenos Aires


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Babasónicos estrena nuevo álbum.

Siempre parece reinar el buen clima en la intimidad babasónica; una atmósfera de cálida y medida inteligencia, una agradable tranquilidad que se impone. De hecho, no hay prácticamente nada en el ejercicio de sentarse a charlar con los miembros de esta banda argentina que ya lleva más de 15 años en la ruta, que haga recordar, siquiera por un instante, que estos mismos tipos sencillos y treintañeros, que filosofan con intensidad y disfrutan de una entrevista como si fuese una tertulia, son los mismos que practican ese explosivo divismo escénico con el que tan fácilmente uno se embriaga en cualquiera de sus shows.

Quizás, ellos mismos lo explicaron mejor que nadie en esa frase de "Infame" (2003), el disco que dio vuelta la página en la historia del grupo y les garantizó un ticket en la (auténtica) primera clase del rock argentino: "Ya sé, el camino a la fama no significa nada si no hay una misión", escribió Adrián Dargelos en el estribillo del track "Putita", un tema que después fue cantado de memoria y a los gritos por cientos de miles de mujercitas adolescentes a lo largo de todo el continente.

Al torbellino "Infame" le siguió "Anoche" (2005), un compendio de nuevas canciones provocadoras y más glamour kitsch metalizado, que ahora finalmente encontró su lógico destino en "Mucho", un disco tan interesante por momentos como previsible en otros. "Estábamos hartos ya de escuchar esos álbumes perfectos, tan minuciosamente retocados con esa lupa que la tecnología te permite hoy", arranca Diego Tuñón, tecladista y compositor clave del grupo, quien llevará la voz cantante por el resto de la velada. 


LEER NOTA COMPLETA EN BILLBOARD:

7 mar 2008

Dave Gahan - El desafío de correr tras el tiempo



El vocalista de Depeche Mode editó ‘Hourglass’, su segundo y bien logrado trabajo solista. Con el nuevo disco, el frontman se calza la armadura y sale a batallar contra sus propios demonios

Por Valeria Agis



La cavernosa voz de Dave Gahan traspasa rápidamente el árido silencio de la espera. ‘Hi’, dice para romperlo, extendiendo sensualmente el monosilábico saludo, haciéndolo vibrar en el aire como si se tratara de una melodía, una de las tantas que viene cantando hace casi tres décadas, cuando el destino lo puso al frente de la banda que hizo historia en la escena electrorock-pop del mundo.
Desde ese adolescente esmirriado y frenético, de cabellera post punk teñida de un hiriente amarillo, hasta este hombre de 45 años que vive más plácidamente en Nueva York con su mujer y sus hijos, hubo un camino oscuro y sinuoso. Hubo una boda que terminó mal, una historia de un piercing en una de las zonas más erógenas e innombrables del cuerpo; hubo una hoja de afeitar en sus venas, hubo dos minutos de muerte una noche de 1996 en Los Angeles, camino al hospital, ‘cortesía’ de una sobredosis de speedball.
Afortunadamente, también hubo un empezar de nuevo, que abrió los ojos de Gahan para hacerlo testigo de las mejores conquistas de su carrera: sus más celebrados discos con Depeche Mode, sus increíbles performances en vivo, las multitudes rugientes, rindiéndose frente a su magnética pose escénica.
En 2003, el frontman editó Paper Monsters, su debut como solista y como compositor, un trabajo al que muchos de sus seguidores –e incluso la propia industria- miraron con recelo, ante la posibilidad de que la ‘novedad discográfica’ trajera aparejado el fin de la maquinaria DM. Pero Gahan estaba simplemente siguiendo lo que le indicaban sus convicciones: era el momento de escribir sus propias canciones, una tarea que, en Depeche Mode, estaba hasta entonces exclusivamente ligada al sofisticado cerebro creativo de su compañero Martin Gore.
En los próximos días se edita Hourglass, su segundo y mucho más acabado disco en formato solitario, decididamente más electrónico que su predecesor. En él, el pasional vocalista reflexiona descarnadamente sobre el paso del tiempo, expone sus contradictorios pareceres sobre la espiritualidad, destila sexo y animalidad y, finalmente, transluce sus variados e intermitentes conflictos internos en una decena de tracks concebidos de su sincero puño y letra.


- Esta es la segunda vez que te sitúas en el lugar del compositor, para todos los temas del disco. ¿Qué diferencias sentiste, con respecto de la creación de Paper Monsters?
Fue muy diferente. Paper Monsters fue hecho en la forma más tradicional en la que normalmente se trabaja un disco. Primero hicimos los demos, los grabamos, los presentamos a la compañía, se aprobaron, buscamos un productor y finalmente entramos al estudio para grabarlo definitivamente.
Con Hourglass estábamos ya en el estudio [con sus colaboradores Christian Eigner –batería- y Andrew Phillpott –guitarras-], aquí en New York, y en realidad cuando comenzamos a registrar lo que serían los demos, nos dimos cuenta de que estábamos ya en el punto de poder grabar el disco, sin más vueltas.

- Para muchos artistas, componer es un proceso casi doloroso. Pensando en la profundidad con la que estás abordando ciertos temas en tus canciones, ¿Cómo es ese momento para ti?
Mmmm.... Extrañamente, me resulta terapéutico. Ocurre que muchas veces ni siquiera sé qué sentimientos tengo, pero definitivamente están adentro mío. Quizás, la posibilidad de ponerlos en una melodía, de expresarlos a través de mi voz, me resulta un alivio. De hecho, algo que me he propuesto es no ‘editar’ sentimientos en mis canciones. Si estoy particularmente melancólico, o súper optimista, eso es lo que pongo en la letra, consciente de que es lo que siento en ese preciso momento, y que está bien.

. A juzgar por Hourless, el ‘tiempo’ parece ser una idea muy importante en este momento de tu vida. Estás viviendo tus cuarenta años, has tenido una juventud muy intensa, que transcurrió a alta velocidad. ¿Cuándo empezaste a sentir el paso del tiempo, el reloj avanzando?
Sí, es cierto que viví muy aceleradamente varias etapas de mi vida, y últimamente tengo esta necesidad de pensar en el tiempo, que pasa. No sé si es la edad, o la madurez, pero hay ciertas cosas que ya no funcionan más. Antes podía emborracharme todas las noches, y esconder mis miedos y mis inseguridades detrás del alcohol. Ahora siento que no me alcanza el tiempo para ser mejor, para hacer todas las cosas que quiero, para seguir creciendo en la vida.
Creo que me ha llevado un largo camino sentirme cómodo conmigo, con quién soy.

- Eso también se refleja ahora en tus letras...
Es interesante, porque cuando era más joven me sentía muy identificado con las canciones que escribía Martin (Gore), para Depeche Mode. De algún modo, él las escribía, pero yo sentía que hablaban de mí.
Lógicamente, la vida se desarrolla, el tiempo pasa y uno cambia. Ahí es cuando, quizás, ya no te sientes tan identificado con lo que decías hace 20 años. Lo importante de esto es que, justamente, yo aprendí de Martin que hay que escribir con honestidad, que hay que escribir con verdad acerca de lo que uno siente.
Quizás recién ahora tengo la madurez, o la fuerza, para articular eso en mi carrera. Poder escribir, al fin, de lo que yo siento. Y aceptarlo.

- Hace unos días mencionaste que ya no sentías que la banda (en referencia a DM) ‘formara parte de tu identidad’; que ahora tienes tu propia voz y quieres respetarla.
Esto recuerda a muchas circunstancias de la vida común, que nos hacen sentir así. Por ejemplo, cuando uno se muda de la casa de sus padres, y luego siente que ya no podría volver allí porque logró su independencia. Cuando eso pasa, cualquier ser humano tiene bastante independencia y libertad de acción para tomar sus decisiones. Pero en tu caso, hay millones de ojos observando, juzgando, incluso pensando ‘Oh, vamos, Depeche Mode es una gran banda, queremos que siga’. ¿Cómo manejas esto y cómo te influye al momento de darle más impulso a tu carrera solista?

Es una buena pregunta... (Hace silencio; piensa un instante). Ocurre que durante los últimos años me han sucedido ciertas cosas que no fueron una ‘opción’ para mí, sino que simplemente pasaron, y yo tuve que aceptarlas. Algunas personas pueden comprenderlo; otras no.
Por suerte, Martin y Fletch (Andy Fletcher, también de DM) han sido en este último tiempo mucho más comprensivos, y me apoyan. Saben que, después de editar un disco solista, puedo volver a trabajar con Depeche Mode, y manejar y disfrutar ambas cosas.
Es muy cierta la analogía con ‘dejar la casa de tus padres’. Puedes volver allí cuantas veces quieras, de visita, pero ya no vives allí. Y es también como un divorcio, porque una vez que sales de esa situación pones toda tu energía en tu ser, y hay cosas que ya no encajan como antes en tu entorno.
Pensando en la música, cuando empecé a hacer Paper Monsters, escribir implicaba para mí una ‘tarea’, a la que tenía que dedicarme mucho. Lógicamente; hasta entonces yo sólo cantaba las canciones que otro escribía. Ahora, componer es más natural, simplemente va sucediendo. Entonces sé que me estoy moviendo cada vez más por ese camino, lentamente, pero seguro.

- Lo religioso, la ‘intervención divina’, es también uno de los temas con los que más juegas en este álbum. Curiosamente, siempre has reconocido que hay mucha contradicción en el plano espiritual de tu vida, que para ti la religión es un concepto arcaico aunque de todas maneras rezas, o que crees en el amor pero no en la gente. Escribiste para este disco una canción llamada Miracles, en la que hablas de la fe...
Sin dudas, lo religioso no es fácil para mí. Pero, al menos, soy consciente de que todos los días pasan cosas que ‘acomodan’ nuestra vida; como pequeños milagros, podríamos decir. Lo veo con mis hijos, y lo que ellos implican para mí, como padre. Esos son los desafíos para los que necesito tener ‘fe’ y fuerza para levantarme, básicamente. Hacer música es otro de mis motivos, es lo que me ayuda.
Y sí, es cierto que tengo recelo de la gente y soy desconfiado. Pero confío ciegamente es en la vida, en los cambios que ofrece. Esa es justamente la parte más difícil, la de permitirse verlos, tomarlos, aceptarlos. Saber cambiar con la vida.
Yo no puedo rezar todos los días, como nos enseñaron cuando éramos chicos; simplemente no funciona conmigo. Y creo que no está funcionando para un montón de gente. Si quieres que algo cambie en tu vida, tienes que actuar, accionar en concreto para eso. Suena raro, pero yo creo en que hay un ‘intervención divina’, una protección o como quiera llamársele, pero uno tiene que mover la primera ficha si quiere que algo de esto llegue.

. Antes hablabas de lo importante que es componer, ese momento íntimo en el que tus sentimientos se transforman en letra y música. Pero actuar en vivo siempre ha sido una parte substancial de tu imagen como artista, porque sobre el escenario pareciera que te entregas completamente al público, que estableces con ellos una comunicación increíblemente fuerte, sensual. ¿Cómo se siente ahora unir esos dos momentos, escribir lo que sientes y después cantarlo en vivo?
Todavía me resulta extraño. En algún punto, creo que yo siempre me escondí detrás de las canciones de otro, y eso me resultaba excitante. Hasta que pude ver mejor mi vida, empecé a cuestionarme todo, qué debería estar haciendo, cuánto tiempo me queda para resolver mis cosas, qué debo aprender para ser mejor, todo eso.
Como cantante, como la cara más visible de una banda sobre el escenario, aprendí a usar mi cuerpo y mi voz para realzar determinados sentimientos que las canciones siempre traen implícitos. También sobre el escenario aprendí a expulsar mi propia frustración sobre la vida.
Ahora puedo escribir acerca de mí, y a la vez cantarlo en vivo. Se siente como estar desnudo enfrente de la gente, lo cual por momentos puede ser apabullante. Pero también se siente más auténtico, y la autenticidad es para mí es una opción de vida. Yo elegí ser más abierto con lo que me pasa y con lo que siento, exteriorizarlo y aceptarlo. Cuando uno canta enfrente de una gran audiencia durante dos horas, el efecto es tremendo. Te sientes vivo. Finalmente, creo que es lo único que todos realmente queremos. Sentir que nuestra existencia está valiendo la pena.



(Publicado en La Vibra, La Opinión, 2007).-

28 ago 2007

Julieta Venegas: 'Nadie me pidió que cambie'

Con el disco ‘Sí’ pasó de ser una artista con canciones melancólicas para pocos a una cantante cuyos temas pop son bien conocidos por el gran público. Hoy, con ‘Limón y sal’ también asentado en la memoria popular, la mexicana analiza la masividad que tiene su música y afirma que la clave fue acercarse al público, en lugar de seguir esperando que éste se acercara a ella


Por Valeria Agis


No es antojadizo que Julieta Venegas cante ‘No seré una mujer perfecta, de las que volteas al pasar, no seré alta y maravillosa pero sé lo que puedo hacer’. Sin embargo, tuvo que pasar un buen tiempo hasta que la mexicana, de pelo siempre oscuro y rasgos fuertes, sintiera la fortaleza y la convicción para decirlo.
En la imaginaria línea de tiempo que delinea su carrera, hay un antes y un después claramente marcados a partir de 2003, el año en el que lanzó Sí y, sorpresivamente, su música se tiñó de un pop antes desencajado con su imagen. Así es como, con cuatro discos editados en total, para la gran mayoría del público que hoy la escucha (que sin dudas trasciende toda brecha generacional) sus dos primeros trabajos, Aquí, de 1997, y Bueninvento, de 2000, permanecen absolutamente desconocidos. Como contracara, muchos de aquellos seguidores de culto que tenía la vocalista en sus inicios, ahora escuchan con cierto desdén sus canciones livianas, extrañando ese halo tímido y misterioso de las anteriores, de la chica con sonido melancólico que se refugiaba en el escenario siempre detrás de su acordeón.
“Pues para mí éste ha sido un camino con muchas sorpresas”, dice Julieta con tono rápido, desde su casa en D.F. “Todo fue ocurriendo, sin que yo lo planeara. Cuando era chica, yo nunca pensé ‘Quiero grabar, quiero hacer discos’. La música me ha ido llevando hacia direcciones que yo no pensaba. Lo que siempre tuve en claro fue mi vocación por componer y por cantar, lógicamente; pero todo lo demás se fue acomodando en torno a eso, fue encontrando su lugar sin que yo me lo propusiera”.


(Versión completa publicada en La Vibra, de La Opinión Newspaper. Los Angeles, CA.)

Ginger Reyes y (the new and reloaded) Smashing Pumpkins

Ginger Reyes es la nueva bajista de los Smashing Pumpkins. Californiana, hija de padre mexicano y madre peruana, es hoy parte de la banda que alguna vez, durante sus años en el secundario, admiró. Tiene 27 años, toca el bajo 'como un hombre' -dice ella- y se sube al escenario con el melancólico empedernido de Billy Corgan.
Esto dice ella, desde Orange County, acerca del retorno del grupo:

- Billy Corgan fue un gran ídolo para una enorme generación durante los años 90. ¿Qué te genera ser parte ahora de su proyecto, especialmente pensando en que The Smashing Pumpkins es la banda que él parece crear y recrear ‘a su medida’?
- Cuando Billy estaba en lo mejor de su carrera con este grupo yo era una adolescente que estaba todavía en la escuela. De esa época, recuerdo cómo sonaban sus canciones; todos las cantábamos, veíamos sus videos, queríamos ser un poco como él, a decir verdad. Así que, ahora sólo puedo decir que esta posibilidad es un sueño hecho realidad. No puedo describirlo mejor.

- Muchas de las bandas grandes, especialmente de los años ’80, están volviendo a reunirse para tocar en vivo. ¿Qué creés que influenció a The Smashing Pumpkins para volver, como grupo?
- Poco antes de que se conociera la decisión formal del regreso de The Smashing Pumpkins, Billy publicó un aviso en un diario diciendo que quería su música de vuelta. Yo creo que, en realidad, cuando la banda se separó, él realmente no estaba de acuerdo; me refiero a su sentimiento más íntimo. El ama esta banda y quería poder expresarse de nuevo a través de esta música.
Pasaron muchos años y, seguramente, él tuvo tiempo para reflexionar, para crecer como persona, madurar, y cerrar cualquer vieja herida que pudiera existir con la idea de tener un grupo de rock. Creo
que está haciendo lo correcto, que es su mejor momento para regresar.

(Copyright VALERIA AGIS. Versión completa publicada en La Vibra, de La Opinión Newspaper. Los Angeles, CA).

24 jul 2007

Vida urbana

La nueva publicación del Consejo del Notariado Argentino me invitó a participar con una nota sobre 'planeamiento urbano y calidad de vida', un tema que incide directamente en las rutinas diarias de quienes habitamos en grandes ciudades.
Buenos Aires no es, claramente, un ejemplo de planificación en este sentido. La superpoblación vehicular, el exceso de ruidos, la construcción caótica, la falta de espacios verdes, el cableado aéreo y la contaminación visual son algunos de los principales ítems que conforman los principales desafíos para autoridades y expertos en el tema.
Lo más curioso es que, para los urbanistas, más allá de los obstáculos concretos de infraestructura y tránsito, el mayor problema es que la ciudad 'no se tiene en cuenta', podríamos decir. Como aporta el arquitecto Gustavo Diéguez en el artículo: "El inconveniente más grande reside en que la capital argentina no tiene un plan de crecimiento, más concretamente, no posee una imagen futura de sí misma”.




17 jul 2007

El séptimo de Radiohead

La banda de Thom Yorke está masterizando en Nueva York su ansiado nuevo álbum, que saldría al mundo antes de fin de año.
El guitarrista Ed O’Brien, junto con el bajista Colin Greenwood y el casi in-house productor Nigel Godrich, se encontraron en Manhattan para dar los toques finales a la séptima creación de la banda de Oxford.
Cuatro años ya pasaron desde la edición de Hail to the Thief, y uno desde la salida de The Eraser, el intrincado y enfermito disco solista de Yorke, que se publicó exactamente en julio del año pasado.
Radiohead es, sin dudas, una de las bandas que más expectativa sigue despertando en el circuito rocker menos comercial y más estilísticamente refinado. Sus álbumes no son precisamente ‘radiables’ a excepción de uno ó dos tracks por cada uno, y eso es quizás uno de los puntos que más los ha protegido de la saturación, un mal tan tristemente común en los tiempos que corren.

9 jul 2007

Nieve en Buenos Aires


(Foto: Marcela Casarino)

6 jul 2007

Waiting for Roberto...


Fiebre 80's... The Cure anunció hoy su impresionante tour de regreso a las tablas, que arrancará a fines de este mes en el Fuji Rock Festival, en Japón, para mover después por Australia y América del Norte.

La última fecha anunciada hasta ahora es el 17 de octubre, en el Dallas American Airlines Center, Estados Unidos, pero todo indica que Smith, Gallup y cía. bajarán un poco más en el continente hasta pisar tierras sudamericanas.

Darks pero oportunamente marketineros, los oscuros muchachos editarán un nuevo álbum para acompañar la movida -su lanzamiento está previsto para el otoño boreal-, que es justamente el número 13 en la historia de The Cure.

Dupla deluxe




Graham Coxon se llevó al estudio a Paul Weller y del encuentro salió un EP que, especialmente para alegría del ex Blur -reconocido fan de The Jam- está disponible en versión digital en iTunes UK.


El corte, This Old Town, pertenece a ambos, mientras que Each New Morning es de Coxon y Black River tiene la siempre cool firma de Weller. ´
Desde luego, súper recomendado.

4 jul 2007

Presentación

Ayer se presentó en Buenos Aires el libro Historia de una transformación, una valiosa obra del aún más valioso Charly Fargas, editado por Dunken.
Participé en él con las palabras de la contratapa, resumiendo el espíritu de esta biografía-aguafuerte, creada con valentía, apuntada hacia la luz, que vale la pena leer.



"En este ensayo-autobiografía, el autor nos hace testigos de una valiosa transformación personal, alcanzada en buena parte gracias a la incesante búsqueda –dolorosa, pero certera- de una mayor plenitud.
Con la escritura como herramienta catártica, las páginas de Historia de una transformación fueron escribiéndose, prácticamente como un ejercicio, a lo largo de años; en diferentes escenarios y países, bares y habitaciones de distintas casas entre Europa y Argentina.
Inspiradas por un enorme deseo de superación, en ellas coexisten todos los elementos que, en la ficción, intervienen para hacer de muchos libros un éxito: enfermedad, búsqueda de la identidad, drogas, una compleja relación con los otros, muchas preguntas, algunas eventuales respuestas...
Pero aquí no hay ficciones, y todo lo que el autor escribe -pasional, por momentos descuidadamente, sin artificios-, es el dictado de sus oscilantes días, en el pasaje de su adolescencia y juventud a la temprana adultez, y –no sin esfuerzo- de la oscuridad a la luz". V.A
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Se puede conseguir en: http://www.dunken.com.ar/